22 noviembre 2011

Crónica de la Marcha: Collada de Carmona-Tudanca. 19.11.11

Marcha: Collada de Carmona - Tudanca.
Cantabria – Noviembre  2.011

          Cielo plomizo con aire del suroeste y un remiso sol entre abundantes y amenazadoras masas nubosas. Son las 8:30, despunta el día en un nuevo y sombrío amanecer. Veinte ilusionados excursionistas, veinte personas apasionadas por la naturaleza, viajan a la búsqueda de nuevas rutas de montaña para compartir, caminar, descubrir y disfrutar. Esta vez entre Carmona y Tudanca. El objetivo es común en todos nosotros.

Parada en Cabrojo. Compramos pan. Café y corrillos…hablamos. Con grato ambiente en el viaje, llegamos muy pronto a la Collada de Carmona, a 600 m. de altitud. Nos preparamos para partir sin olvidar la testimonial foto del grupo. La mañana sigue fría y gris, y el viento sopla fuerte en las alturas.

Primeros pasos por un camino ancho y pedregoso, con tímidos rayos de sol. El paisaje, en sombra, aparece triste, sin vida. Pronto ganamos altura contemplando valles y pequeños pueblos, donde llegan los escasos, pero potentes rayos del sol; el verde de la hierba se torna especial, brillante y luminoso, cautivando nuestras miradas y pensamientos. Dejamos atrás un bosque de pinos escuchando los campanos de vacas cercanas. Seguimos por una senda en continua curvatura. Impresionantes vistas de laderas con sus aristas entre luz y oscuridad.

 Nos detenemos en Troncos Negreo al resguardo del frío, tras un refugio de piedra, a 900 m. de altura; lugar frecuentado por ojeadores y cazadores a la búsqueda del jabalí. Por debajo, los valles de Cabuérniga y del Nansa. Las nubes nos amenazan, en cualquier instante pueden descargar agua; de momento pequeñas chispitas de lluvia golpean en nuestros rostros. Cruzamos verdes praderías. Ascendemos  por redondeadas lomas, oyendo relinchos de caballos. El sol y el viento no consiguen despejar un cielo que permanece demasiado cubierto. Las águilas planean con sus majestuosas alas extendidas, dejándose llevar y mecer, y elevándose, a veces, ayudadas por las corrientes que proceden de las vaguadas.

Seguimos subiendo con cotidianas y dispares conversaciones. Es día de reflexión antes de la cita con las urnas, el 20 de Noviembre. A nuestro paso el esqueleto de un gran mamífero, con los huesos bien limpios y desperdigados, del que los buitres dieron buena cuenta tras festín carroñero; también pequeños acebos, con sus llamativos frutos rojos, adornan el camino. Dejamos atrás una rudimentaria cabaña de pastores. La marcha es asequible, amena y divertida en todo momento. Tomás nos guía, explica y señala; igualmente, una incansable Nieves nos deleita con su fervor y conocimiento. “Gracias a los dos”

Algunos socios veteranos acudieron, de nuevo, después de largo tiempo de ausencia. Otros simpatizantes y debutantes como Yolanda y Sonia, principiantas de lujo con amena conversación que, aunque se cansaron y apenas vieron el sol, hubo luz  en sus vivarachos ojos y  entusiasmo en sus chispeantes miradas y gestos, se sintieron plenamente acogidas.  Sus caras de satisfacción me hacen presentir que volverán en próximas citas.

Nos seguimos moviendo entre montañas… entre amigos.  Un hermoso arco iris reafirma nuestros sentimientos. Llegamos a la “Braña de la Jaroja” y nos disponemos a comer, sentados en un costado por debajo de la cumbre, protegidos de las inclemencias meteorológicas. Muy recogidos y unidos, con alegría, entre bromas, fotos y bien abrigados, ya que el tiempo no acompaña,  devoramos con rapidez los alimentos.  Compartimos bebidas y dulces al tiempo que dialogamos, reímos y contemplamos la “Sierra del Escudo” y el “Pico Gándara”.

Reanudamos la marcha en suave descenso hasta llegar al “Prau del Conceju”, vasto pastizal con tupida capa de hierba a ras de suelo, donde suelen pastar vacas y caballos. En este tiempo otoñal luce un pálido verdor debido a la prolongada sequía.  Avanzamos junto a estacas con doble alambrada y piedras apiladas. Bordeando esta extensa pradera vemos,  al fondo: valles, pequeños prados con escaso arbolado, lindes, cabañas, caminos y carreteras.  El paisaje es bello, aunque sin la brillantez de otras ocasiones, pero igual de espectacular y motivador, despertando en todos nosotros enriquecedoras sensaciones.

Lento descenso por el cordal, compartiendo experiencias. La bajada, por prados y pistas, es pronunciada y vertiginosa. Los pueblos se ven más cercanos. El frío viento sigue azotando con fuerza. Avanza la tarde. Un enorme roquedo preside, en las alturas, las afueras de Tudanca, nuestro destino final; pueblo de adopción de José María de Cossío, donde se conserva su antigua casona. Al llegar al núcleo rural tocamos, en parte, la ruta “Peñas Arriba”, de Reinosa a Tudanca, recordando a nuestro  excelso escritor  costumbrista,  José María de Pereda. La población tiene escasos habitantes; sus típicas casas, bien cuidadas, con balconadas, madera y piedra, albergan montones de leña para el invierno.

Después de una breve parada en la fonda, y sonora y alegre espera en el porche de la iglesia, el autobús nos trasladó a nuestros hogares. Regreso nocturno a casa donde nos aguarda la familia y nuevas vivencias.

Gracias por vuestra paciencia conmigo y hasta el 17 de Diciembre. ¡Ojalá hayáis disfrutado con este relato, recordando y reviviendo la caminata!
Alfredo López
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