El sábado 21 de febrero amaneció con el cielo despejado y soleado.
53 aventureros montaraces llegamos a La Lastra
con unos 15ºC. El pueblo, a 500 metros de altitud, quedó atrás cuando empezamos
a caminar a las 10:19 am. por la pista que asciende hacia el collado de Joza la
Abellán, antiguo tramo del GR-71 que unía Bárcena de Pie de Concha con Sotres.
La subida inicial fue cómoda, constante, sin
sobresaltos. Primero sobre hormigón, luego sobre hierba. Dos burritos nos dan
la bienvenida a su manera, según íbamos caminando el cuerpo entró en calor sin
darnos cuenta. A la altura de la Fuente de la Tejera abandonamos el trazado
principal y tomamos una desviación a la derecha que nos condujo hasta Los Llanos (1.052 m.). Allí el paisaje
se abrió de golpe: frente a nosotros apareció imponente la cara norte de Peña
Sagra; con la Mesa la Juncá o el Cornón, destacando en la cresta.
Un esfuerzo más nos llevó al Cuetu Ruñao (1.138 m.), primer objetivo del día. Allí paramos. El
primer refrigerio supo mejor que nunca. El silencio era limpio, solo
interrumpido por el viento suave. Desde ese punto iniciamos un cumbreo cómodo,
ligeramente descendente, hasta alcanzar el collado, a los pies del Pico Los
Ajastros.
El Pico Los
Ajastros (1.166 m) nos esperaba con una subida corta pero intensa. Algunos
lo evitaron por la media ladera hacia una zona de rocas, y los más valientes
ganaron la cumbre completa. Apenas 66 metros más que marcaron la diferencia.
Desde arriba, el horizonte se extendía con claridad: a lo lejos distinguimos los
pinares de San Sebastián de Garabandal,
encajado en el valle, en un entorno que imponía recogimiento y paz, desde luego
la Virgen no pudo elegir mejor sitio para presentarse. También desde allí se
distingue la torre militar de Rubin de
Celis del siglo XVI en el pueblo de Obeso.
Habíamos acumulado algo más de 768 metros positivos.
Fue en la media ladera el lugar perfecto para diseminarnos y desplegar la comida,
al abrigo del viento. Sin prisas.
Después iniciamos el largo descenso. Dejamos a nuestra
derecha Sarceda, más adelante Rozadío, y continuamos perdiendo altura
de forma progresiva. El desnivel negativo, 1.077 metros hasta Cosío, fue
constante pero amable, sin tramos técnicos pero con alguna exigencia debido al
barro y al terreno resbaladizo proclive a caídas.
Fueron casi unos 15 kilómetros en total. Ruta sencilla,
cómoda, bien repartida en esfuerzos. Un día de montaña, de conversación amistosa
y alegre, de horizonte amplio.
¡Hasta la próxima marcha!


























































