19 julio 2026

Séptima marcha del año, Cicera a Cires por la Braña de los Tejos. 18 de Julio 2026.

El pasado sábado 18 de Julio el club volvió a poner rumbo a uno de esos rincones de Cantabria que nunca defraudan: la Braña de Los Tejos. Aunque no era la primera vez que la visitábamos, en esta ocasión estrenábamos una variante que prometía un final diferente, descendiendo hasta el escondido pueblo de Cires, en el valle de Lamasón.


Partimos desde el bonito pueblo de Cicera, siguiendo la antigua cambera que durante generaciones utilizaron los vecinos para alcanzar los invernales de Cordancas, siempre acompañados por el rumor de la riega que discurre paralela al camino.

Pero antes incluso de dar el primer paso, la jornada ya nos había regalado uno de esos momentos que justifican cualquier madrugón. La familia de Ramón Rubín nos recibió en Cicera con una hospitalidad difícil de olvidar. Su cercanía, sus sonrisas y su generosidad hicieron que durante unos minutos nos sintiéramos más vecinos del pueblo que simples excursionistas de paso. A veces, el mejor paisaje no es una montaña, sino las personas que uno encuentra en el camino.

La marcha comenzó con una ascensión constante hasta el refugio del Murón. A partir de allí, el sendero se adentró en un magnífico hayedo que nos protegió del sol durante buena parte de la subida. Entre curvas, raíces y el agradable frescor del bosque, el grupo fue ganando altura con la serenidad de quien sabe que las prisas solo sirven para llegar antes al cansancio. Tras superar las inmediaciones del Collau Pasaneu, la niebla nos cubrió y un último esfuerzo nos condujo a la Braña de Los Tejos, situada a 1.414 metros de altitud, un paraje que continúa conservando ese aire misterioso que le han otorgado las leyendas durante siglos.

Después de la obligada parada para recuperar fuerzas; comimos cerca de allí y con algo de frío y lluvia fina, emprendimos el descenso hacia Cires alternando pistas forestales con senderos que atravesaban los collados de Treslaventa y Joldupe. Precisamente en este tramo pudimos comprobar el excelente trabajo realizado por el Presidente de la Federación Cántabra de Montaña, que había limpiado un sendero utilizado como atajo hasta Cires. Gracias a esa labor, el paso resultó cómodo, seguro y perfectamente transitable. Una intervención discreta, pero de esas que solo se valoran de verdad cuando uno recuerda cómo estaban muchos caminos años atrás.

La ruta, catalogada como de dificultad baja por sus cerca de 900 metros de desnivel tanto de subida como de bajada, confirmó una vez más que las cifras sobre el papel siempre parecen más pequeñas que cuando las sienten las piernas. Aun así, el grupo respondió con solvencia y buen humor, aunque hubo quien aseguró muy convencido que el desnivel estaba mal medido... probablemente porque lo estaba calculando con los gemelos.

La llegada a Cires puso el broche perfecto a una jornada marcada por el compañerismo, la belleza del bosque, de los Tejos y el buen ambiente. Una marcha que volvió a demostrar que el éxito de una salida no depende únicamente de alcanzar una cima, sino de compartir el camino con personas dispuestas a disfrutar de la montaña, a agradecer el trabajo de quienes cuidan los senderos y a valorar la hospitalidad de quienes abren las puertas de su pueblo con la misma naturalidad con la que nosotros abrimos la mochila para sacar el bocadillo.

Y cuando parecía que la aventura había terminado, todavía quedaba el último reto de la jornada: el viaje de regreso en autobús. Después de casi 8 horas de caminata, con las piernas pidiendo una tregua y el cuerpo reclamando cualquier cosa que produjera aire fresco, el interior del vehículo se convirtió en una improvisada sauna sobre ruedas. El conductor no puso el aire acondicionado hasta que el autobús se encontraba ya a escasos pocos kilómetros de Santander. Para entonces, algunos excursionistas habían alcanzado un avanzado ‘estado de maduración’ y empezaban a sospechar que el chófer estaba entrenándonos para una futura expedición por el Sáhara o peor, a guardar cola durante 5 horas en “Pollos Amavisca” en Laredo. Cuando, por fin, comenzó a salir el ansiado aire frío, la sensación fue tan celebrada que solo faltó ponerse en pie para reclamar como mínimo una bajada de precio o un cambio nuevo de empresa de buses para la próxima ruta.

En definitiva, otra magnífica jornada para el recuerdo. Porque las montañas seguirán donde están, pero la acogida de la familia Rubín, el sendero impecablemente recuperado hasta Cires son esas pequeñas historias que convierten una simple marcha en una auténtica aventura digna de ser contada.

¡Hasta la próxima ruta!








































































































































































































































































Share:

Síguenos en Facebook

INSCRIPCIONES Marchas: por WHATSAPP en el N.º Teléfono: (617) 07.72.82

Contacta con el Club

Con la tecnología de Blogger.

Archivo del blog

Vistas de página en total

Índice de Etiquetas

Seguidores del Blog

Blog Archive